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•    En su búsqueda por incidir en las políticas de educación superior, las 24 asociaciones universitarias reunidas en esa ciudad se pronunciaron por impulsar una propuesta propia para el aseguramiento de la calidad y un intercambio más efectivo entre la región

Salvador Malo Álvarez*

Las murallas y ciudad de Cartagena de Indias, en Colombia, tienen un sitio en la historia y geografía de América Latina. Pero, hoy en día, Cartagena representa mucho más que un bello destino turístico; se ha convertido en un importante punto de reunión y diálogo para los países de la región, así como uno de encuentro entre estos países y otros que les son histórica y culturalmente cercanos. En años recientes ha crecido el número de reuniones multinacionales de carácter cultural que ahí tienen lugar y algunas de ellas, como el Congreso Internacional de la Lengua Española (2007) y la Conferencia Regional de Educación Superior en América Latina y el Caribe (CRESALC-2008), por ejemplo, han atraído a miles de participantes.
Estas circunstancias han venido gestando una expectativa creciente en torno de Cartagena; una esperanza acumulada de que pronto habrá ahí un evento, se emitirá un pronunciamiento o se tomará una iniciativa que afectará significativa y positivamente el curso de la región. Así, CRESALC-2008, convocado por IESALC/UNESCO (el Instituto para la Educación Superior de América Latina y el Caribe), en anticipación a la Conferencia Mundial sobre Educación Superior de la UNESCO de 2009, fue concebido para generar un amplio movimiento de reflexión, compromiso y acción de las políticas institucionales y las políticas públicas de educación superior de la región. Que ello no sucediera y que no puede achacarse a la reunión en sí, mantuvo viva la expectativa respecto de Cartagena.
A pesar de la importancia de CRESALC-2008, conviene recordar que no fue la primera vez en que rectores, funcionarios de gobierno y estudiosos de América Latina se han reunido con propósitos similares. Hace ya mucho tiempo que la educación superior latinoamericana enfrenta corrientes de pensamiento que sugieren su cambio y que colocan a la integración académica de la región como un objetivo. Pero la urgencia de esos cambios y la conveniencia de un acercamiento latinoamericano en educación superior se hicieron evidentes, de manera clara, al surgir en Europa el llamado Proceso de Bolonia.
Casi desde su inicio, en 1999, el Proceso de Bolonia despertó la idea de construir un espacio o área de educación superior común a los países de la Unión Europea y los de América Latina y el Caribe (UEALC). El respaldo de los gobiernos de esas regiones a esta tarea se hizo manifiesto en la Declaración de París que formularon los jefes de Estado y de gobierno de la UEALC en esa ciudad, y que fue ratificada en la Conferencia Ministerial sobre Enseñanza Superior de esos países de noviembre de 2000. Con base en ella se lanzaron diversas iniciativas, se apoyaron algunos proyectos para construir ese espacio, se constituyó un secretariado técnico multinacional que daría seguimiento a las actividades; además, los jefes de Estado y de gobierno de la UEALC se comprometieron a reunirse periódicamente para, entre otros asuntos, revisar el avance en las tareas para la creación de este espacio.
Por la magnitud de la reforma de la educación superior europea que Bolonia ha significado —un proceso que ha durado diez años, por el cual más de mil  universidades de 46 países han modificado sus estructuras educativas y revisado sus prácticas de enseñanza e investigación— y por la participación formal de los jefes de Estado y de gobierno en torno de la creación de un espacio común de educación superior entre Europa y América Latina, el proyecto UEALC (o ALCUE) es, sin lugar a dudas, el más ambicioso en la historia de la educación superior latinoamericana.

No obstante, a diez años de distancia, son muy pocos los resultados que se pueden mostrar, mismos que son pequeños no sólo en comparación con las expectativas generadas, sino incluso en comparación con los gastos realizados para las reuniones y acciones gubernamentales de seguimiento. Recientemente, al revisar lo realizado, se reconoció que los únicos proyectos que acercaron a las universidades de ALC con Europa fueron “Tuning América Latina” y “6×4 UEALC: seis profesiones en cuatro ejes de análisis” (este último realizado sin apoyo oficial alguno).

Lo anterior sucedió en una reunión convocada por la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN), la Asociación Europea de Universidades (EUA) y el Observatorio de Relaciones entre Europa y América Latina (OBREAL), que tuvo lugar la semana pasada en Cartagena de Indias y cuyo propósito fue el diálogo para promover la investigación y la cooperación entre las universidades de Europa y de América Latina.
La reunión contó con la participación de 19 países, siete de ellos de Europa, y de 24 asociaciones universitarias (seis de ellas, organismos universitarios supranacionales: el Consejo Superior de Universidades de Centro América, la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo, el Grupo Santander y la Organización Universitaria Interamericana, OUI, además de la EUA y OBREAL). México participó activamente por medio de la persona de Raúl Arias, rector de la Universidad Veracruzana y presidente de la OUI.

Tras día y medio de presentaciones y análisis en torno de los procesos europeos y el compromiso de los gobiernos y universidades de ALC con la calidad de la enseñanza, el aprendizaje, la investigación, la innovación y la cooperación, llegó la sesión de resúmenes y conclusiones. En ella, Ramón Torrent (OBREAL) dejó claro que la cooperación entre la UE y ALC sólo se dará en torno de ideas que tengan sentido global para ambas regiones; que ya se dan y se darán ideas o proyectos específicos de cooperación, pero que éstos no implicarán ni serán catalizadores de cambios reales.
Antes, Michael Gaebel, de la EUA, había hecho evidente que no es posible alcanzar una visión conjunta para la educación superior de Europa y de América Latina y el Caribe, si esta última no tiene una agenda propia.

Por su parte, en sus palabras finales, el presidente de ASCUN, Iván Enrique Ramos, hizo ver: a) que lo más que han logrado los esfuerzos conjuntos han sido acuerdos sobre las bases en las que se debe basar la acción conjunta (principios de solidaridad, respeto…) y en las áreas posibles para ella (tecnología, medio ambiente, educación superior …); b) que las asociaciones universitarias de las regiones no sólo son el vehículo natural, sino probablemente el más efectivo para proponer, canalizar y conducir las posibles acciones conjuntas.

Las tres intervenciones mencionadas llevan a concluir que al menos una de las razones por las cuales ALC no ha persuadido a sus gobiernos (ni a sus universidades) de la importancia que tiene concretar una visión conjunta en materia de educación superior, es que las asociaciones universitarias de la región no cuentan con una propuesta propia ni se han comprometido a impulsar y trabajar en el proyecto UEALC.

Venturosamente, antes de concluir, el presidente de ASCUN propuso una declaración que sirva de insumo para la agenda ALCUE en la perspectiva de la Sexta Cumbre ALC-UE, que se realizará en Madrid en mayo de 2010 con el tema “Hacia una nueva etapa de la estrategia birregional: innovación y tecnología para el desarrollo sostenible y la inclusión social”.

En forma apretada, la Declaración de Cartagena propone:

a)    Aprovechar mejor las sinergias para desarrollar procesos de CTI más eficientes y para la formación de capital humano de alto nivel.
b)    Consolidar y avanzar en mejores sistemas de aseguramiento de la calidad, reconociendo que la cooperación se hace entre pares.
c)    Avanzar en instrumentos de validación y reconocimiento de estudios y de títulos, sobre la base de sistemas sólidos de aseguramiento de la calidad.
d)    Hacer un inventario del espacio de cooperación para la investigación y la educación superior en ALC-UE; la cooperación debe incorporar a toda la comunidad académica para reducir el riesgo del activismo y privilegiar tareas sostenibles de cooperación y de transformación.
e)    Reconocer y promover la contribución de las asociaciones universitarias al desarrollo de la cooperación.
f)    Evaluar y aprovechar eficientemente las oportunidades y mecanismos de financiamiento para la cooperación, lo cual requiere una plataforma permanente de diálogo y trabajo conjunto entre las asociaciones universitarias de ambas regiones (ALC-UE).


* Presidente del Instituto Mexicano de la Competitividad

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